No sé escribir nada que no sea de manera personal, no hago buen uso de la tercera persona del singular, no me gusta ni soy capaz, hablar desde afuera de mí. Nada hay tan difícil como hablar de
sí mismo, de manera clara y honesta, no se me ocurre cosa más complicada que
escribir porqué uno cree que algo es bueno cuando todo el exterior alega lo
contrario. No puedo decir que tengo la razón, ni siquiera puedo estar segura de
que lo que argumento va en favor de lo que realmente pienso, pero así, a medida
que voy avanzando, me iré dando cuenta de lo que de verdad pienso acerca de las
propiedades y bondades de la depresión bien llevada y sostenida.
Puede pensarse en la depresión como
el fondo del barril, el último escalón a lo más profundo de los sentimientos
humanos. Se empezaría por sentir tristeza en varios niveles, desde la causada
por un punto de giro en una película hasta la desencadenada por la muerte de una
mascota; luego, puede hablarse de melancolía, cuando la tristeza se hace un
rasgo característico de la personalidad, ya cuando el ánimo no permite ni un
desarrollo normal en cualquier tipo de actividades vitales, podemos hablar de
depresión, del tipo que se puede diagnosticar y tratar como una enfermedad. La depresión entendida como sentimiento cuyo
origen no está claramente conectado con un hecho del exterior, una interacción
con el entorno o un cambio radical en la vida, es el tipo de depresión del que
soy devota.
Depresiones hay de muchos tipos, por
muchas causas, con innumerables variables, distintos tratamientos. De depresión
podemos hablar toda una eternidad sin llegar a una conclusión globalmente útil,
la depresión ha sido y siempre será una compañera en la vida. La depresión no
se puede evitar.
Razones biológicas han dado origen a
la depresión en algunos casos, por ejemplo, las mujeres que sufren de SPM,
tienden a sentirse deprimidas, agobiadas y tristes mientras duran sus ciclos.
Se ha demostrado que si sus hormonas se suprimen durante el SPM, todo rasgo de
depresión desaparece. Es como encontrar las semillas del mal y aplastarlas con
el mazo del bienestar. Suele culparse a la naturaleza por sentimientos como
éste, que en la mayoría de los casos no se saben llevar, no está mal querer
deshacerse de una sensación que, por lo mínimo, entorpece la vida diaria. No es
fácil, obviamente, llevar las cosas con naturalidad mientras se siente un hoyo
negro en el medio del pecho, pero tampoco se puede, porque no es sano –más que
la misma sensación- buscarle más razones, añadirle justificaciones y quejas,
hay que liberarse de la necesidad de sentirse la víctima y dejar que las cosas
transcurran. No llamo a la pasividad, llamo a la cordura y madurez emocional,
no siempre hay que exagerar las situaciones que sabemos, tienen un origen que
no podemos controlar.
Si por el contrario, el origen de la
depresión reside en la pérdida de un ser querido, un cambio radical en la vida
o un suceso de gran impacto, la depresión es el resultado esperado, entre
otros. Las decisiones a tomar en tal caso, son personales e indiscutibles,
sería irresponsable y deshonesto de mi parte hablar sobre lo que debería, o no,
hacerse en estos casos, jamás he sido víctima de la depresión causada por el
entorno, la mía nace, crece y se desarrolla dentro de mí, sin razones
aparentes. Lo único que tengo que decir al respecto es, hay cosas que no se
olvidan, pero definitivamente han de superarse. No se puede estar deprimido
toda la vida por la misma razón, es como reírse cuatro veces del mismo chiste,
pierde la gracia. Hay que disfrutar de todas las emociones, absolutamente
todas, por insoportables que parezcan, todas tienen su encanto y moraleja. Sin
masoquismo de por medio, creo que es bueno también, sacarle el mayor provecho a
las sensaciones antónimas, así como cuando se está feliz se sienten ganas de
cantar, así mismo, cuando se está triste hay que disfrutar del llanto, no sólo
por el hecho de la liberación, es porque sin la oscuridad no hay luz, sin el
mal no hay bien y sin depresión no hay felicidad.
Nietzsche dijo alguna vez que Quien es muy alegre debe ser un hombre
bueno, pero quizá no sea el más inteligente, aunque logra aquello a lo que el
más inteligente aspira con toda su inteligencia. Lisa Simpson dijo en una oportunidad Mientras más inteligente eres, te vuelves
menos feliz. Según esto, podemos deducir que la felicidad no es una emoción
racional, no es un sentimiento que se pueda sostener a través de la constante
reflexión, todo lo contrario a la depresión, que más fuerte se hace mientras
más se medite al respecto. Se asume que una persona deprimida no es feliz, son
contrarios por mera naturaleza del significado. Se asume que una persona
inteligente no es feliz, por consiguiente, está deprimida, pero si estando
deprimida es feliz en su propia depresión, ¿eso lo hace tonto? ¿Es menos
inteligente aquel que disfruta de su depresión? ¿Una cualidad personal se puede
ver tan brutalmente afectada por una cualidad emocional y un disfrute personal?
La alegría resulta de la plenitud y la tristeza de la carencia, se trata de estados de ánimo motivados uno por exceso de presencia y el otro por ausencia total de algo que no se sabe explicar. Entonces el exceso de presencia sí lo podemos explicar, bueno, si no podemos, tampoco importa porque es bueno sentirse bien, al menos es "mejor" que estar deprimido. Ninguno de los dos estados cambia la realidad, sólo cambia la percepción; creemos que la percepción alegre es mejor, pero ¿qué es exactamente lo malo de la percepción depresiva? ¿qué es lo que nos atormenta respecto a la depresión?
La visión de la depresión es egoísta y fatalista, es gran tragedia si somos las víctimas, son "cosas de la vida" si somos espectadores; la empatía no es un sentimiento que se busque dentro de sí mismo para apoyar al otro, es lástima lo que se busca dentro de sí para sentirse superior al otro. Encontramos consuelo a nuestra falta de talento o mediocridad en la depresión del artista, creemos que ser artista significa ser triste y meditabundo, seguimos pensando que la depresión es una condición básica para crear algo y aún así lo consideramos una maldición, damos por sentados que hay que sentir una cosa, para ser la otra.
Echo de menos la comodidad de estar triste dijo Kurt Cobain alguna vez, estar triste es cómodo porque significa el conocimiento de sí mismo, porque requiere concentración y reflexión, porque siempre se tiene la mente enfocada. La alegría significa dispersión y celeridad, mucho sentimiento y emoción, poca reflexión y análisis. Siempre me he sentido mejor donde mi mente esté más enfocada.
La depresión por sí misma ya "significa" tragedia, no hay porqué ahondar en su manifestación. Es un sentimiento natural del ser humano, siempre, en algún momento se estará deprimido, mejor es sacarle el provecho a lo que se siente, sin armar dramas innecesarios y muy estúpidos. La depresión hay que disfrutarla, saborearla y exprimirla, disfrutar todas sus razones aunque no se sepan cuáles son, definir todas sus manifestaciones y somatizaciones, llegar al meollo del asunto y desgranarlo hasta quedar satisfechos con el sentimiento.
La depresión no tiene que ser una tragedia más grande que sí misma.
"La tristeza y la alegría como expresión del vacío de la vida" por Elsy Rosas Crespo
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